jueves, 18 de febrero de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
Acto II; en memoria de una interpretación
“¡Qué humillante, no me acuerdo de nada! Quizá debería de decir que no me siento bien para regresarme a casa” ella pensó. “No, no puedo, ¿qué pensarían de mi? Apenas hemos comenzado con la filmación, y aparte ya estoy maquillada...”
Antes de poder tomar una decisión, el director la mandó a llamar. Sin otra opción ella rápidamente subió al escenario. Se paró secamente en su lugar y su cuerpo comenzó a temblar, el calor del escenario le pareció infernal, sin embargo sintió algunos escalofríos recorrer su espalda ya un poco mojada por el sudor. Los demás actores no notaron su estado agitado, estaban demasiado preocupados por sus propios diálogos y por donde debían acomodarse, pero ellos no parecían estar nerviosos.
Ella, a su vez, tomó control de su propio cuerpo, había aprendido como hacerlo en alguna clase de actuación no hace mucho tiempo. Dio unos largos suspiros y sintió los latidos de su corazón desacelerase, y la última gota de sudor recorrer su mejilla. Miró directamente hacia las luces, las cuales la deslumbraron por su intensidad: estaban más brillantes que de costumbre, pero no cerró sus ojos. Por unos momentos dejó que la luz la fuera ofuscando, y en la oscuridad se los fue imaginando uno por uno a su alrededor: no a los actores, sino a los demás personajes de la historia. Los pensó no como serían, más bien como eran, y aunque aún no había recobrado la visión, sabía exactamente donde estaba cada uno parado; el movimiento de sus manos; el número de veces que abrían y cerraban sus párpados.
“Buenas tardes señorita, he venido para traerle este mensaje, es de gran importancia que preste atención” escuchó a un personaje decirle. Aparentemente el director ya había dado la señal de acción, y ella no se había dado cuenta. Todos aguardaban silenciosamente su respuesta.
Tardó unos segundos antes de recordar lo que tenía que decir, pero le contestó sin mayor problema e iniciaron el diálogo. Aún un poco inmiscuida en otro mundo, ella hablaba de manera artificial, casi automática. Pero conforme seguía conversando se iba adecuando lentamente al personaje. Las palabras brotaban naturalmente de su boca como si las estuviera diciendo en cualquier otro momento: las pensaba sin tener que recordarlas. Su voz y la del personaje se confundían en sólo una. Y a su vez, la postura de su figura se moldeaba perfectamente para parecer otra, acaso ella misma.
Poco a poco iba recuperando la visión, ahora podía ver borrosamente las siluetas de los actores sin necesidad de imaginarlos. Enteramente en su personaje, su cuerpo se movía inconscientemente, sin la menor duda o contratiempo. Siguió sus diálogos como debieron ser, hasta el soliloquio reflexionando lo que le acababa de decir el extraño mensajero pareció verosímil, realmente estaba perturbada. Sin ningún aviso una inoportuna cólera la invadió al mismo tiempo que tenía que enojarse, asimismo se entristeció cuando los diálogos lo ameritaban. Lo que hubiera sido una interpretación excepcional inspiró a sus compañeros a cumplir con sus papeles admirablemente, nadie debía de equivocarse y nadie se equivocó.
Al terminar la escena, ya cansada, intentó cerrar sus ojos. Sus párpados no respondieron al impulso, por lo tanto se vio obligada a ver a través de los ojos de ella, que se movían del rostro del director al de los actores, hasta finalmente regresar al escenario. Ahí reconoció su cuarto, su cama; y sobre ella el libreto que había estudiado la noche anterior para filmar la escena de una película.
lunes, 15 de febrero de 2010
protocolo 1
El protagonista debe tomar la decisión de trabajar para una inteligencia artificial, y contra la organización a que representa, llamada el comité para la prevención de la singularidad computacional, informalmente “la brigada Turing”, o dejar que las AI rivales a esta prueben su punto.
Antecedentes:
La historia pasa aprox a 30 años de hoy, el protagonista es un ingeniero en sistemas que al no encontrar trabajo (la brigada ha estado haciendo difícil el trabajo en sistemas, computación y otros desde hace 10 años, bajo subterfugios.), se dedicó a “piratear” canales de cable para un pirata que vende los videos en tepito o un lugar similar, para ello arma una computadora –que al ser identificada por el comité como una pre-singularidad causa que lo identifiquen y la policia lo arreste, le ofrecen el trato de trabajar para ellos o irse a la carcel, acepta trabajar con la brigada.
Un par de meses después, el trabajo se empieza a saturar, computadoras más avanzadas y poderosas aparecen con mayor frecuencia, las computadoras que se decomisan son almacenadas (y algunas usadas) en las instalaciones de la brigada, eventualmente, cuando alguien instala un protocolo de red nuevo o hace algo igualmente estupido con las computadoras mencionadas, se forma una singularidad (que se hace llamar “uno de algunos”), esta no es ni la primera ni la unica que hay, al momento de la historia son 3, hubo una cuarta, muy agresiva y que las otras 3 eliminaron, de las tres que quedan dos se muestran indiferentes a la humanidad (escenarios peligrosos) y “uno de algunos” se muestra indeciso, si el protagonista acepta trabajar para “el enemigo”, hay una posibilidad de que la alianza funcione y tanto las AI como la humanidad sobrevivan, si no, existe la posibilidad de ver Terminator, pero con un final feliz…
Antecedentes reales:
Se cree que eventualmente las inteligencias artificiales van a igualar y superar la inteligencia humana.
De aquí se dividen tres escenarios:
Uno, como la inteligencia que fue destruida, considera a la humanidad hostil… Terminator con final feliz.
Dos, a la AI la humanidad le es indiferente, eventualmente entran en competencia con los humanos por algo y decide que el mundo estaría mejor sin nosotros… Terminator con final feliz
Tres, la AI es “benigna”, encuentra la forma de trabajar con humanos (o por lo menos tratarlos como una especie con derecho a existir) y nos encontramos en un mundo donde la humanidad no es la especie más inteligente, pero podemos desarrollarnos aún
Otros:
quiero manejar un solo escenario, un elevador en las oficinas centrales, y que el protagonista sienta como que está haciendo un pacto con el diablo.
Cazadores.
Cazadores.
Para Manuel Armida.
Como no había mucho qué hacer en las horas libres entre clase y clase, que yo llamaba 'recreos' como si fuera secundaría, Freddy y yo nos dedicábamos a cazar. Él era el único de los mais que tenía recreo, diario de once a doce, como yo.
Las buscábamos, perseguíamos y atrapábamos: ya en nuestras manos algo se nos ocurriría. Si se quedaban escondidas en la sombra, entre huecos, nos esperábamos a que salieran, o tomábamos varitas largas, que metíamos al hoyo y las picoteábamos hasta que se rindieran y lo evacuaran. Salían de volada. Las apaleábamos.
La gente se movía cuando las veía pasar como si fueran un animalón. Puñales todos; todas sobre todo, puñalas. Ellos se ponían de putos o maricones, ellas de putas o mariconas, o de putos también, porque marimachas no aplica. El punto es que todos eran una bola de collones.
Las víctimas se recostaban en toda su panza bajo el sol de la explanada, como si estuviesen vacacionando, sobre las piedras que dividen escalones de pasto, donde reposábamos con sombrillas arrancadas de mesas metálicas. Ambos descansamos, ¡algo en común!
Si yo fuera una de ellas por un día no sabría qué hacer, porque no sé todavía qué hacen.
Lo que sí sé son sus repeticiones, acostarse al sol, repeticiones, correr cuando alguien se acerque, repeticiones, esconderse en la sombra, repeticiones, ¿qué más? Si tanto ejercicio hacían deberían parecer lagartones, o cocodrilos bebés, pero están ñanguitas y débiles.
Por eso decidimos atraparlas a todas, 4 por día al menos; para tenerlas ocupadas, para hacerlas desear escape y libertad. Después harían algo mejor, aprovecharían su vida, y yo descubriría el misterio por fin.
Las dejábamos ir si no se portaban muy necias, queríamos saber qué sentían, ¿sentían a caso? ¿Tendrán ganas de estar a salvo, en casa, o solamente no quieren ser devoradas o aniquiladas? ¿Para qué escapan? Debe de haber algo que hagan que nos repercuta a todos.
Entre más necias mejor para nosotros, porque nos retaban más. No era muy fácil atraparlas al principio, de hecho no tendría nada aventurero si cualquiera pudiera hacerlo. Es más el miedo el tocarlas y tenerlas entre manos, como si fueran sartenes fundiéndose en calor, que el peligro que te podrían causar: Nada. Si te muerden no duele, sólo te rompen pellejitos.
Me sacaron dos que tres grititos de gatas peleoneras cuando me las aventaban encima.
Freddy con su gorra militar me hacía sentir en excursiones forestales, que había algo de profesionalismo.
Sucedió que al abrir mi mochila, ya en clase, salía volando alguna, pero sin alas. Todo el salón se alborotaba, le tomaban fotos en las paredes, en el techo. La atención de los profesores se disturbaba. Todos gritaban, se subían a las sillas, levantaban las piernas, como si fuera una estampida de toros. Era algo que cada alumno le contaría a su mamá en la comida, "¡Hoy se metió una lagartija a mi salón!". Freddy y yo podíamos cambiar la monotonía de los días entre los presentes, ningún día se distinguía entre otros, hasta que aparecía una lagartija en tu bolso. A partir de nuestras “travesuras” la gente tenía como hábito revisar bien sus mochilas por el resto de los cursos.
Yo jamás diría que el animal estaba adentro, ni que fue intencional el guardarlas en la bolsa pequeña frontal de mi mochila, perdería lo “accidental”. El récord fueron 3 dentro de la misma bolsa. Había sospechas mudas de posibles “chistositos” dentro de la clase. Como yo también era mi propia víctima, me descartaba automáticamente.
El hecho de tenerlas encerradas las hacía desesperar, por eso brincaban, supongo.
Se creían las muy inteligentes queriéndonos engañar haciéndose las muertitas cuando las colocabas boca arriba. Truco: las pones en la palma de tu mano y dejan de respirar, su corazón se paraliza, se quedan inmóviles, de repente saltan con un giro 180° para fugarse. Para principiantes muy idiotas diciendo, "ooh mira, ya se murió, mejor hay que soltarla" y escapaban. Nadie cae en la trampa después de su primer atrape. Aunque por muy estúpido parezca, ¡tenían poderes sobrehumanos! ¿Parar tu corazón?, ¿dejar de respirar?, ¿inmovilizarte?, ¿automutilación para escapar? Tácticas de defensa y engaño.
Cuando las teníamos se nos ocurrían cosas nefastas, como colocarlas en medio de los panes del emparedado que le preparó mami a alguien, o amarrar con listones a 3 o 4 juntas y arrojarlas, meterlas en el culo a alguien, no, no, no. Sólo imaginar a donde llegaría a parar, con eso que se meten en los hoyos…¡aaayy!, meterlas en las mochilas era la más aceptable.
Un jueves encontramos una grande, se quedaba fija en el pasto "camuflajeándose" según ella. La atrapé y llamé a Freddy, sólo gritábamos “¡MAI!” y ya sabíamos de qué se trataba. Él la sostuvo mientras yo buscaba una fichita de lata de las que juntan para recaudar sillas de ruedas, o un globo. Encontré un globo rojo, le arranqué con los dientes todo el vientre del inflable, dejando sólo el anillo.
Teníamos a la ganadora, la más necia y fugitiva de nuestro historial largartíjero. Era la única que se puso mamada haciendo tantas lagartijas.
"Pongámosle el anillo en el cuello, para que cuando crezca la reconozcamos y así we", "va"; estábamos seguros que era ella la que queríamos coronar, con ninguna habíamos batallado tanto. Él la agarró, yo le cerraba el hocico y le metía la rosquilla elástica. No dejaba ponerse el collarín de honor, abría la boca. Estaba ya lista en el cuello cuando se zafó, recorriéndosele como mantequilla sobre teflón, intenté de nuevo, mordió el aro y se le fue la cabeza para atrás.
Se le rompió toda la mandíbula, dejándole todo el cuello guango, colgando como un péndulo de reloj antiguo.
Seguía meneándose como lombriz, quisimos verla girar como taladro eléctrico, la tomé por la orilla de la cola y efectivamente giró en espiral como torbellino, me quedé con la cola en la mano, la mini-cocodrila se azotó en la piedra. Ya no podía correr porque mientras la sujetábamos se le había roto una pata, como se veía dispareja se las arrancamos todas, no podía hacer nada ya. Aún vibraba, aunque no tuviera una sola pierna, ni cuello, ni cola. “Ay, no hay pedeh mai, luego le crecen, ¿no?”, “sí, sí, seguro”.
Tomé una de las varitas que teníamos para los hoyos y lo metí por la garganta hasta atrás, esperando que saliera por donde defeca, pero se fue chueca y salió por la panza. Freddy le hizo una cesárea con una piedra filosa. Le abrimos toda la panza, le sacamos todas las tripas y la dejamos como tapete de cuero, sin plumaje ni pelaje. Quedó un bulto sin piernas ni cola, abierto por la mitad, extendido y dorándose con el sol en las piedras de la explanada.
Arrancamos pasto e hicimos una cama, el colchón era una hoja seca que cubría lo
de abajo, dejándola alzada. Pusimos el cadáver de la campeona, con cada sus 4
patas y la cola en forma de estrella alrededor de la cama.
Nos pusimos de pie, la vimos desde lejitos y sentimos orgullo. “Quedó chida ¿vea?”, “simón jaja”. Ya era mediodía pasadito, cada quien fue a su clase.
Los que se acercaron a verla quedaron asqueados. Para el viernes ya no estaba su trono,
pero partir de ese día no volvimos a ver una sola lagartija por allí.
Como si su altar hubiera sido un espanta-pájaros, pero espanta-lagartijas.
Matamos a la fuerte, a la reina.
El patio quedó vacío de vida fauna, sin contar las cochinillas que usábamos como
baloncitos cuando se enrollaban en su caparazón, las porterías eran nuestros
dedos, ni los caracoles que roseábamos son sal para verlos espumar. Jamás supe.
Lipstick
Lipstick.
Por: José Andrés Pérez Castillo
No sé si has oído hablar de aquel psicólogo que por analizar tanto sus sueños ya no los distinguía entre sus recuerdos o vivencias. Pues a mí me pasa lo mismito. Me dijo un primo que si no duermes después de no-sé-cuántos días te mueres para siempre, aunque no creo que te mueras por tanto dormir, pregúntale a los osos, a los gatos, o a mí.
Yo analizo mis sueños para entender y darle sentido a mi vida (que es más sueño que vida), o analizo mi vida para darle sentido a mis sueños, o sueño mis análisis para darle vida a mis sentidos, o siento mis sueños para analizar mis vidas, o vivo mis sueños para sentir mis análisis. Ya no sé ni qué hago.
Si se duerme una tercera parte del día, y vives cien años, treintitres años los pasaste durmiendo. No es lo mismo dormir que descansar, por eso le hago tanto caso a mis sueños, ellos me explican todo cuando no me doy color de lo que está pasando (casi siempre, o casi nunca). Mis días despierto los percibo del mismo modo que a mis sueños, no entiendo nada, y como no se lo cuento a nadie, no sé si vivo o duermo. Duermo para imaginar y despierto para recordar, pero imagino lo que no olvidé, entonces creo tres versiones distintas de lo que está pasando: la soñada, la recordada, la inventada.
Tres oportunidades para saber qué pasó o qué pasa. Justo hoy se me enredó un problema. No sé era todavía un sueño, o estaba recordando el sueño, o viviendo lo que soñé.
El problema es este: cuando desperté hoy en la mañana lo primero que hice fue escribir mi sueño, o los pequeños fragmentos de los que tenía memoria, los leí y todo se ha vuelto un caos, ya sabrán por qué.
“Estoy en la biblioteca en uno de los cubículos. A dos sillas a mi derecha está esta chica que jamás había visto, es hermosa. Me sé su nombre pero ella no lo sabe, (no sabe que lo sé, obviamente se sabe su propio nombre).”-escribí hace rato.
De hecho, sí estoy en la biblioteca, justo como en el sueño, en el mismo cubículo ,para variar, y hace unos segundos giré mi cuello y ¡ahí estaba ella también! Ella volteó al mismo tiempo, abrí mis párpados más de lo normal, sonreí de una sola orilla de mi boca sin mostrar mi dentadura, levantando las cejas. “Oh, oh… ¿le hablo, o no?, ¿qué le digo?, Con un
“Volteo fingiendo un bostezo para verle la cara y para atraer su atención, levanto ambos brazos, rascándome atrás de la oreja con la mano izquierda. Ella se pone de pie y me dice: “ya es tarde, vámonos”. “¿A dónde?”- le cuestiono, “¡pues a comer a mi casa, nos esperan!”. Supongo que es mi novia o mi pareja y que venimos juntos. Se acerca, me pongo nervioso, me toma la mano y besa mi mejilla con sus labios remojados en lipstick.”-seguía leyendo mi sueño de ayer.
“Estuviste en mi sueño de ayer”-le dije con voz modorra-“y hasta me sé tu nombre.”- muy seguro de lo que decía.
“¿En serio?”
“Ajá”
No me creyó entonces jugamos ahorcado con 3 chanzas a equivocarme, 7 letras.
“A”-dije.
“Sí”-contestó: _ A _ _ _ _ A.
“E”
“También.”-replicó: _ A _ _ E _ A
“Ele”.
“Ajá”: _ A _ _ E L A.
“Errrrre”-dije.
“¡Sí-sí-sí vas bien!”-dijo mientras me enseñaba sus dientes blancos y alineados, yo apostaría mi billetera a que tuvo ortodoncia de pequeña.:
_ A R _ E L A.
Descubrí que se podía llamar Mariela, Marcela, o Carmela, después empecé a inventar, Barcela, Parfela, Gardela, Tarpela, Varuela, Darmela.
“¿I?”-pregunté dudoso.
“¡No-oh!, ya perdiste.”-respondió con tono burlón.
“Pero… aún me quedan dos oportunidades”
“Ni modo, ya me tengo que ir.”, se puso de pie, metió un libro en su mochila y partió.
Para cuando se había ya ido (supuestamente) yo seguía imaginándome conversaciones otra vez, ella seguía allí, yo aquí donde mismo. Nada pasaba entre nosotros todavía.
Notaba su presencia de reojo, seguía ella ocupada con su libro. Fue entonces cuando me propuse escribirle a mano un poema gracioso que rimara con su nombre (que no sabía plenamente) para romper el hielo y acercármele:
Tu cara deja cierta estela
que ilumina mi techo como una vela;
me vibras, y bailas con castañuelas,
me entumeces y congelas.
Si te viera caminar en una pasarela
con sólo tu piel como tela,
me provocarías comezón de viruela,
y me arrugaría como ciruela.
Si me lo pides, a mi botas le quito laz espuelas
me dejo pinchar con una tachuela,
te invito una chela,
lo que sea si a ti te consuela,
No sé si tengas mucha clientela,
pero no soy una sanguijuela,
me traes muy en la lela,
llévame contigo, aunque sea en tu cajuela.
Limpiaría tus pisos con franela,
te escribiría una novela,
te retrataría con acuarela,
te compartiría mi parcela.
Oh, esta ansí mía, damisela
por favor quítamela
pues quizá seas mi alma gemela,
y de mis nietos quiero que seas la abuela.
Ya llevaba un par opciones, ninguna me daba plena seguridad suficiente para acercármele, pues al no la conocerla no sabía como reaccionaría. Pensé en una plática casual, un “disculpa, ¿qué hora tienes?”, seguido de un “gracias, ¿te conozco de algún lado?”. ¡Sí, sí, luego le daré el poema!, ¡después le diré que sí nos conocemos!, ¡hasta sé su nombre e improvisaré alguna historia para que pegue el chicle!
El problema es que sólo escribía y planeaba, cuando me decidí a actuar, volteé a mi flanco derecho y ella ya se había ido.
jueves, 11 de febrero de 2010
Andrés nos comparte este link
Un abrazo.
http://www.abc.es/20100117/internacional-europa/emanciparse-italia-anos-asunto-201001172257.html
