Preludio:
Camino hacia ti, hacia los que hemos ido.
¿A dónde vamos?
I
Esa noche, jugamos a ser transparentes: tú eres yo, era tú. Tomo tu cuerpo y sueño que te miro, estás aquí bien oculta. Dormida, satisfecha en abundancia. Atravesada por bosques de venas, por sangre; agazapada estás en tu propia respiración. Tendida, vaporosa, etérea. Eres desnuda de tiempo en horas anormales. Caída ahí donde se evapora el movimiento del mar. Radiante desde tus poros. Dormida.
—¡¿Eres tú, soy yo?!—Me pregunto.
Laberintos, acertijos, suspiros. Atravieso tu ventana, afuera los árboles nos ven dormir con sus miles de ojos que danzan con el suspirar del aire. Siento un llanto, creo que estoy llorando. Toco tu boca, con mi lengua te voy desdibujando, diluyendo, dilatando como si nacieras de mí. Cierro los ojos para esbozar tu imagen, deletreo tu nacimiento. Te dibujo una cara que te pertenece, un rostro húmedo nacido de mí, parido por mi boca, evaporado en mi deseo. Afuera está la telúrica danza de las hojas de un árbol parido en la niebla, de pronto creces empapada por un mar empapado de cristales. Abro los ojos, sonríes.
En ti la tierra, hueles a sombra y jugamos de nuevo. Cierro los ojos, eres diminuta y escueta, parece que toda la brizna de tu amor cabe en mi mano. Te tomo. Cierro mi puño inundado de tu polvo, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi aliento tus labios Me doy cuenta que has crecido. Se alzan tus hombros como dos colinas y la oscuridad asciende hacia ti; sin mayor pudor tus pechos descalzos se pasean por mi pecho y me doy cuenta que mi brazo logra, apenas rodear la tenue luz de luna llena que tiene cintura. Mi voz que madura en ti, mi bosque madura mi piel, mi voz quemadura te quema, te tiembla y se sueña a través de ti.
Y a media voz me dices cosas que inventas a cada rato, se rompe el silencio con un verso.
—Me gusta escribir tu nombre, deletrear tu nombre en la oscuridad— me dices.
—Me gusta llenar el aire con tu nombre porque creo que siempre que lo digo me oyes, creo que me da buena suerte— Te respondo en medio de un silencio; respiro.
—Yo voy por las calles tan contenta y no llevo encima nada más que tu nombre, no necesito más. — Me miras a los ojos y nos tocamos de frente como dos ciegos enamorados. Nos quedamos en silencio.
—Hay más bellas que tú— te digo— hay más bellas, pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie sabe quién eres tú, nadie te reconoce; nadie te ve con tu corona: nadie… Y cuando asomas buscando algo, buscándote en mí; toda la luz del universo canta un himno, sólo tú y yo lo escuchamos.—
Entonces llega el olvido de las palabras, su olor, su sabor, su siempre viva voz y su lengua. No queda más, ya no hay nada. Se nos vacía la oscuridad y entonces despierto, abro los ojos al mundo. Deslizo mi mirada hacia el hueco que queda en mí, donde aún no te has ido y me doy cuenta que desde entonces no estás y sólo eres silencio.
Epílogo
Olvidé las palabras, la voz de las palabras. Encontré tu muerte...
¿Oír o irse?
¿A quién?
¿A dónde?
No hay comentarios:
Publicar un comentario