Un espacio para el pensamiento crítico y la creación

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jueves, 4 de marzo de 2010

Sincronías (?) 2008

I

No sé si mi reloj biológico fue demasiado exacto o mi alarma tiene un sensor para sonar cuando lo toco. Mi alarma es un sonido de pájaros que tiene mi celular. Si los pájaros cantaran así, ya estarían toditos extintos.

Me levanté, me acerqué a mi armario, lo primero que escogí fue el pantalón rojo, después sudadera morada, playera amarilla, gorro verde, tenis naranjas, cinturón blanco, hebilla de pistolas. Llamativo, ¿combinado?, vaya payaso, no sé para qué. No desayuné.

Iba en el periférico, me cambié de carril porque no avanzaba el mío. Soy desesperadizo al manejar, pensé como Murphy: “nada más falta que éste avance menos ya que me cambié", y efectivamente dejó de avanzar pero frenando a 0 de golpe. Mi papá me dijo, “un buen cambio de carril es cuando no haces frenar al de atrás, cuídate del de adelante, el de atrás se cuida de ti”, pero el que venía faldeándome no se supo cuidar y el muy imbécil me chocó, “no choqué, me chocaron”, y eso que venía bastante lejitos según mi espejo. Me pegó en la llanta de refacción, no me pasó nada, pero a él se le sumió todo el cofre, ya humeando, como si estuviera hecho con aluminio de latas de gaseosas.

Dije ¡CHALE! en automático, el chocón si tuviera los oídos más arriba parecería que se los tapaba con ambas manos, pero era su manera personal de no creérsela, o también chalear.

Le hable a mi papá que dormía, le conté en corto y breve del choque para no hacerla más de tos. "No hay pedo hijo tú te puedes ir, es su culpa", me dijo. "Ya me voy wey, voy a llegar tarde a mi clase", le dije al muchachón.

"¿Y yo qué? ¿me chingo aquí? Te esperas cabrón"--contestó. “Aaah…¿te vas a poner así?”—le respondí. Obvia-pinche-mente más me encabroné. Si a alguien le pone de buenas que le choquen que levante la mano. Me quedé recargado contra la puerta de mi auto algunos minutos, esperando a que las cosas se resolvieran solas, sordeándome un ratito, viendo a los choches chismear el accidente, tranquilo. No soy muy pedante, aunque debería serlo en momentos como éste.

Total, pasó un rato y se me puso bien idiota amenazándome con patrullas y no sé qué más, yo solamente le decía “simón, simón”. Tomó su celular sin marcar números, sólo lo tomó y empezó a hablar. “¿Sí? ¿poli?, lo que pasa es que choqué y el chamaco se quiere dar a la fuga, ¿eh?, aah okey-okey, sí ahorita te lo atoras, ta bueno, sobres oficial, gracias.” Me quería espantar el mequetrefe. “Ahorita que llegue la trulla vas a ver.” Pasaban las patrullas como si nada, sin detenerse. “Eeeh, eeeh, poli”--el gritaba cada que pasaba una patrulla, levantaba la mano y la agitaba. No lo pelaban. Yo sólo lo veía con los brazos cruzados, recargado en mi Monster Truck, sonriéndole a su ridiculez.

Abrí la puerta, prendí el motor, me senté y justo pasó Máximo, uno de mis mejores amigos y vecino, puso las intermitentes colocándose frente a mí. Me ayudó a evadir al chavo, no me dejaba ir, aunque yo no ponía mucha resistencia. El chaval se paró enfrente de mi coche, mientras yo estaba ya adentro con el auto prendido. Sin decirnos nada Max y yo, fui soltando el freno lento, Máximo se hacía para atrás hasta apachurrarlo, o escamarlo al menos.

“¡Te vas a quedar hasta que llegue mi seguro!”, me gritaba. Tan necio insistía que hasta se subió en mi coche, se sentó en mi cofre.

Yo aceleraba y frenaba para tambalear la camioneta, él se asustaba, "¡Ya ya bájale no te pongas así, me voy a caer!", decía el muy idiota sosteniéndose de mis limpiadores. Máximo puso Parking y el freno de mano, se bajó, lo sujetó por la chamarra, lo jaló bajándolo de mi cofre. "Mira wey, te estás pasando de pendejote, no seas ridículo, somos dos, ¿qué pedo?, deja ya de estar jodiendo, así son los accidentes, si le sigues tendrás otro cabrón."-le dijo Max con una mano sobre el cuello de la camiseta del hombre, la otra levantada a la altura de su oreja, señalándolo, preparado para soltar algún golpe, con la mirada bien fija sobre él. “Está bien, está bien.”, se resignófinalmente.

Max se subió a su coche y se fue. Si hubiera un ranking del 1 al 10, 10 siendo lo más pasivo, 1 lo más agresivo, yo sería un 8, Max un 10. Hoy no, pero al menos él sabe cuándo serlo, cuando no. Se acercó el gañan a mi ventanilla, "mira te doy mi celular, pero en serio espérate a que llegue el seguro, de carnales."

"Tú me pegaste, te jodiste tú, yo no tengo nada que hacer aquí ya, arréglatelas solo."

"Ándale, no seas mal pedo, te invito unas chelas en la tarde, así sin pedos."

"¿Mal pedo? Hasta te subiste a mi cofre wey. ¿Quién es el mal pedo? Tú me chocaste, si quieres sí vamos por las chelas, pero yo ya me voy." Arranqué y se quedó parado con cara de perrito triste parado en medio de la calle con el humo a su espalda.

Llegué tarde a clase, no me quedaban más faltas.

"¿Puedo pasar?" dije al abriendo la puerta de mi salón. El Profesor me vio de pies a cabeza barriéndome, y dijo, "Aaaaah tú eres el que chocaste en Peri ¿no?, pásale."

Hasta entonces entendí por qué me vestí así, para que me reconociera el profe Benítez, si no hubiera reprobado la materia por faltas. ¿Lo sabía desde la mañana?

Se canceló mi clase siguiente, regresé a casa. Ir hasta allá para chocar, una sola clase.

II

Mi hermana tiene 18 ó 19, yo 20. Todavía va en prepa. Siempre me quiere presentar a sus amigas. "Tengo una amiga medio punketa, como de tu estilo, que a la mejor te gustaría."

Lleva más de una semana comentándome diario de su amiga, que por cierto es una de las Durán. El presidente municipal, José Luis Durán tiene 3 hijas: Sofía, de mi edad; Cloe, de edad de mi hermana; Bethan, como 12 o 13. Dicen que la última cuando crezca se pondrá re-bien, aunque ya ponerla a juicio desde chica es un poco enfermizo y pedófilo. No conocía a ninguna.

Como volví temprano a casa fui a llevar a mi hermana a mi antigua escuela, la suya actual. Va en las tardes. Como tenía tiempo libre y era temprano me metí al Kipling con ella. Nos sentamos en unas bancas de concreto a platicar. Carolina, mi hermana, un poco obvia dijo que iba al baño, me dejó solo con una amiga suya que nos acompañaba.

Era la Durán de en medio, yo ni enterado. Platicamos poco, la traté como se trata a las amigas de una hermana: desinteresado-buena onda. Ella habló casi todo el tiempo, yo la escuché todita. Dijo, "En Puerto Escondido ponte que estaba en la playa con mis amigas y conocimos a unos surfistas argentinos, me les acerqué porque uno de ellos me recordaba cañón a Manuel, mi amor de allá (de Argentina) ja-ja, pero el wey era bien quedado, como bien forever, tons me daba muchísima risa y salimos con ellos y así, y ya equis, y después estaba platicando en MSN con Manuel, y tipo le conté que fui a Puerto y así y me dijo como: "tengo un primo surfer que va mucho ahí, de hecho fue estas vacaciones. ¡Era su primo!" "¡Órale, qué coincidencia, eeh!"-le respondí.

Me despedí. En el camino de regreso vi un espectacular de Durán, ya caduco, memoricé su sonrisa tan política, tan quiero caerte bien. Paré en la luz roja del semáforo, vi unos payasitos con pelucas naranjas malabarear, me acordé de mi mamá, le marqué.

Me dijo, "estaba justo pensando en ti, gracias por llevar a Caro a la escuela, fui por unos mandados de lo que tu abuela me encargó, estoy manejando también,--¡PRAW!, se le cayó el celular--Andy me acaban de chocar.", "¿Estás bien?", "Sí, se me estampó un tarado por detrás". Uuuy también, que día tan chocante, y por atrás. "¿Dónde estás?", "Por Boulevares, por casa de Geral, rumbo la zona azul", "Okey voy para allá."

III

Llegué, todo bien, nada más la defensa sumida. Resulta que una señora iba saliendo de su casa, como su reja abre para fuera se arriesgó sin ver echando la carrocería, a mi mamá le tocó la atravesada, frenó y pitó, el de atrás torteó a la camioneta. Casualmente la señora de la casa es una clienta de Guillermina, la pedicurista de mi abuela.

Como todos los miércoles, iríamos a casa de mi abuela a comer. Mi abuela tenía cita con Guille a las 7 p.m., Guille iba a ir a las 5 a casa de Beatriz (la señora arriesgada), 2 horas después a la próxima cita: mi abuela.

Beatriz iba a comprar su quesito, cremita, tostaditas y tortillitas de harina al puesto de Productos Oaxaqueños. La muy floja sacaba el coche aunque le quedara a 3 cuadras. En su segundo arriesgue, media hora después, sí le tocó el moquetazo, no le avisó a Guille que chocó, se retrasó todo.

Cuando daban 15 para las 7 mi abuela esperaba y esperaba con sus pies dentro de una cubeta verde-azul con agua tibia-casi-caliente.

Lo que nadie supo es que Guille olvidó todos sus instrumentos pedicuristas en su casa, sus tijeras, cuchillos, lijas, navajitas, esmaltes, algodones, quita-esmalte, etc. Hubiera sido peor el recibirla inhabilitada para trabajar. Con choque o no, no hubiera tenido nada nadie, o se hubiera dado cuenta desde casa de Beatriz de sus olvidos. Al menos mi abuela relajaba sus pies esperándola.

Mi mamá fue al taller con el chocón, que decía tener muchos apuros y prisas. Fui a casa de mi abuela. Melissa, una prima, había invitado a una amiga a comer a casa de la abuela. Iban en la misma escuela, en el Kipling también, pero horario matutino, división primaria.

Mi prima y su amiga estaban risa y risa viendo mails. Me leyó un mail en voz alta, "me dices sí o no eh":

1) ¿Traes puestos los mismos jeans de ayer?

2) ¿Tu pasta de dientes es blanca?

3) ¿Has visto al conejo de la luna?

4) ¿Te gusta alguien de tu salón?

5) ¿Duermes con calcetines?

6) ¿Tienes un perro?

7) ¿Tu ringtone es una canción?

8) ¿Escribes con pluma negra?

9) ¿Rezas antes de dormir?

10) ¿Te muerdes las uñas?

11) ¿Tienes algún tick?

12) ¿Lees en el baño?

13) ¿Tienes pulseras en las muñecas?

14) ¿Tienes piercings?

15) ¿Te has volado clases?

16) ¿Te acuerdas que cenaste ante-ayer?

17) ¿Has besado a alguien este mes?

18) ¿Valió la pena?

19) ¿Le echas limón al arroz?

20) ¿Te bañaste esta mañana?

21) ¿Cantas en la ducha?

22) ¿Aún te ama tu ex?

23) ¿Piensas en tu ex?

Le contesté, nah, seh, seh, nah, nah, nah, seh, seh, nah, seh, seh, seh, seh, seh, seh, nah, seh, nah, seh, nah, seh, ¿uhm?, ¿eh?

"¡Iiiiih, no sabe, no sabe!", corearon Melissa y Bethan.

Las últimas dos me incomodaron. Llegó Corina a mi cabeza. Sí, aun la pienso. No sé si me ame todavía. Yo la quiero o quise, pero no sé qué tanto.

Máximo y yo habíamos quedado en hacer una doble cita. Yo llevaría a María, él a quien sea con que esté chida. Me dijo que tenía una amiga que está chula y es bien linda. Él me la presentaría, yo le presentaría a María. Máximo y María se hicieron novios el 21 de Septiembre (*) de ese mismo año, pero eso es otra historia.

Miércoles 2x1, doble cita, 4 x 2.

Tomé mi celular para marcarle y proponerle el trato. "Número ocupado", decía una voz grabada en mi celular, parecida a la de las azafatas de avión. Lo metí a mi bolsa, empezó a sonar mi canción favorita, lo saqué de nuevo, era Máximo.

Contesté, me dijo "te estaba marcando y decía 'número ocupado', pero vamos al cine mai, lleva a María ¿va?, cáele como a las 5-máximo-6, para que nos alcance el tiempo porque el guarura de Sofía tiene que recogerla antes de ir por la otra hermana que sale como a las 8:30 de la escuela, después tienen que recoger a la más chica que estaba en casa de una amiga, o algo así. Tuve que pasar por ella porque me dijo que su guarura chocó hace rato." No entendí mucho, pero le pregunte: "¿Sofía?", "Sí, Sofía Duran, la que te voy a presentar", "Aaah está bueno, ahí te veo a las 5 casi 6.", colgamos. Sofía Durán, dos hermanas con guaruras, buenos datos.

"A ver, deja checo mi mail", le dije a Melissa. Lo abrí y había dos nuevos: ese mismo de las preguntas que acababa de forwardearme, y uno de Corina con pocos minutos de habérmelo enviado.

Decía:
“Mon amour, tu me manques.
Est ce-que tu penses à moi encore?
Je pense a toi très souvent, tout le temps.
Apelle moi bientôt si tu peux.
xxx
Je t'aime pour toujours.
Cori."

¡Híjole! ¿Me telepatió Corina? Ese tipo de mensajes me ponían muy de buenas, ahora me molestan bastante. Iba a salir con una chica nueva sabiendo que mi ex aún me ama. Era incómodo.

Tenía tiempo aún, entonces me eché una jeidy de horuga y merry. (Me eché una jetita [siesta] de hora y media).

IV

Pasé por María, en el camino vi unas placas "219-MYM", pensé en Max y María (*21, 9=Septiembre, MyM=Máximo y María), fuimos al cine los 4, todo salió bien. Nos sentamos Máximo y yo juntos, las mujeres en las esquinas, cada quien con la suya. Nos agarramos la mano al menos, no estuvo mal.

Salimos de cine, me pidió mi número, se le empecé a dictar cuando justo le llamó alguien dictándole una dirección. Máximo la apuntó. Colgó, le dijo a Max, "me llevas aquí porfa, pero ya porque es tarde", Max asintió, se fueron. Lleve a María, regresé a casa de mi abuela. No conseguí su número, ni ella el mío, por lo visto.

Mi mamá al salir del taller se encontró a Beatriz entrando al taller, se miraron con antipatía. Como estaba cansada fue al club a relajarse, darse un hidromasaje en el jacuzzi, meterse al vapor o al sauna. Mi mamá como es muy perica se pone a platicar con quien se le ponga enfrente. Es bueno siempre tener audífonos cerca, para ponértelos, aunque no estén conectados, así te evitas fácilmente su cotorreo, NO PARA, en serio.

En el vapor le contaba a una señora que le chocó un baboso por atrás, por Boulevares. Coincidió que la señora le contó una historia parecida: su guarura le pegó a una camioneta por atrás en Boulevares. Pudo haber sido a la de Beatriz, o ve tú a saber.

"Qué descuidos de mi guarura, venía de dejar a Cloe a la escuela, pero los accidentes pasan, qué hacerle, no le voy a decir a mi esposo que chocó porque se enojaría, aparte ni cuenta se daría porque siempre llega bien tarde.”, decía la señora con la que mi mamá platicaba.

La señora y mi mamá se hicieron buenas cuatas. Saliendo del vapor mi mamá iba a casa de mi abuela, la señora a recoger a Bethan, el guarura a recoger a Sofía a la dirección que le dio, yo ya estaba ahí, con la sorpresota de tener a Max y Sofía en casa de mi abuela.

V

Todos en casa de mi abuela: el guarura, Las Durán (la mamá, Sofía, Cloe, Bethan), Max, mamá, Melissa, Caro y mi abuela descalza aún.

Fui al baño a columpiar el tamarindo mientras todos platicaban. Cuando terminé me limpié el trasero y volteé al inodoro, un par de mi cacas tenían forma de 'C', otra de ‘S’. Pensé en Corina y en Sofía, pero obviamente no les dije.

Salí, todos hablaban de coincidencias. Cloe dijo: "El otro día vi una película y me acordé de Manuel, mi ex argentino, mientras veía la peli me dije, "ojalá y nunca lo trate así de loco". Me marcó a mi casa, nunca marca porque vive hasta allá. Le dije que estaba viendo esa película y me dijo, "vi una película en la mañana y me acordé ti, pero...olvídalo". Le pregunté qué película era y me dijo Atracción Fatal. ¡Era la misma!".

Todos rieron.

Yo dije: "Siempre que leo, pongo el separador justo en la última palabra que leí y me acuerdo de cuál era. Estaba leyendo Siddharta, estaba en el metro, cerré el libro, me bajé en mi estación. Había un puestito de libros en el pasillo, vi Siddharta, lo tomé, lo abrí y cayó en la misma página en la que me había quedado y la primera palabra que vi fue la última en la que me había quedado". Todos se apantallaron. Oooh.

Se despidieron todos, me besé de piquito a escondidas con Sofía, quedamos en hablarnos, pero no tenía su celular, ni ella el mío.

Me dio pena pedirle el número a Max, o decirle a mi hermana que le pidiera a Cloe el número de Sofía, porque sería obvio que era para mí y Cloe quería conmigo según mi hermana.

No he sabido nada de ellas en meses, ni quiero. Preferí olvidarlo, olvidar a Sofía. Sofía que significa sabiduría. Algo aprendí de todo esto.

martes, 2 de marzo de 2010

"Ella" [Cuento Idealista (2009)]

ELLA

I

Me despertó mi colchón empujándome por detrás, invocando pelea. Esa fue mi impresión por la fuerza con la que levanté mi espalda, mi frente sudaba. Alguna vez descubrí mi manera de hacer y tener sueños lúcidos, volver a ellos para manipularlos a mi antojo. Éste último fue demasiado real, tanto que lo lúcido iba quedándome a duda. El no-sentido iba ganando. Había sido hasta ese punto de mi vida el sueño más sobresaliente y esperado: una señal.

No estaba conforme, no podía acabar ahí. Quería volver, intenté mi técnica, no fue muy exitosa.

Volví al sueño, él se apoderaba de mí. Sólo quedaba la silueta de ella marcada en el encandilamiento de mis ojos, como apagar la tv y ver la figura congelada de la última escena, pero sobre mis párpados.

Veía hacia arriba del monte donde estábamos previamente colocados. Observaba el contorno de su figura en la cima. Todo iba partiendo, huyendo de mí. Yo estaba tendido en el suelo, imposibilitado de reaccionar.

Mis regresos eran tumbados, era angustiante estar tan inmóvil.
En mi mente giraban repetitivamente tanto imágenes como escenas del sueño: los dos juntos, recostados en el césped esponjoso parecido al color verde-jungla de sus ojos. Nos besábamos múltiples y prolongadas veces, como si lo hubiéramos hecho millones de ocasiones antes, lo tuviéramos ensayado. Reconocía sus labios de inmediato: su jugueteo, su grosor, su ritmo, su sabor, su calor, su humedad. Abría los ojos, veía los suyos: matices de brillo y sombra. El proceso posterior de pocos segundos: la aprecio bellísima, dilatación de pupilas, parpadeo-doble, sonrisa tierna sin dientes, palabras afectivas en murmullo, caricias. Todo me era familiar. Era normal que me calaran sus anillos entre nuestros dedos entrelazados. La suavidad de sus manos era como deslizarse sobre una resbaladilla de seda. Arrancábamos un poco de pasto, lo arrojábamos alto. Lo veíamos como lluvia espesa, lento, esparcido, pero permanecía, sin caer, flotando entre nosotros, como si estuviéramos dentro de una burbuja sin gravedad.

La brisa era nuestros suspiros acumulados. El sol estaba por ocultarse. El cielo era color mandarina. Mirando hacia arriba, por la vereda de la colina, el rastro de nuestros pies en el pasto desgastado color arena me hacía saber que ya habíamos estado aquí.
Ella se levantó, se encaminó a la cima, me llamaba para acompañarla. Ondeaba sus manos, me gritaba, su voz rebotaba como eco a mis adentros. Sonreía, sus risas recorrían todo mi cuerpo, haciéndolo vibrar. Ella corría hacia arriba, para ver el sol sumirse en el paisaje. Todo estaba hundiéndose y me paralizaba.

El control de mis sueños era insuficiente. Intenté una vez más: Seguía tirado en el suelo. Inhabilitado, arrastrándome, encajando mis manos en el piso para trepar a la cima con ella, pero era como si me jalaran los pies, me llevaran cada vez más lejos.
El césped arrancado que flotaba cae sobre mí, mis manos ahora extendidas, estiradas, intentando despegarse, arrancarse de mi cuerpo para alcanzarla; mi boca abierta gritando mudamente su nombre. ¡¿Cuál era su nombre?!

Estaba ofuscado por su deslumbramiento e incapacitado para levantarme, deseoso de que volviera conmigo. Mi voz estaba muerta. Mi aliento no hacía ruidos. Mis manos se estiraban pesadas hacia ella. El sol iba bajando, se acomodaba justo a la altura de su cabeza, como si la luz la persiguiera. Su cuerpo era una silueta negra. Seguía llamándome.

Una mano me decía ven, la otra hacía chasquidos señalándome prisa, para no perder la luminosidad en proceso de extinguirse una vez más. La luz iba bajando y su silueta eclipsándose. Oía cada vez más lejana su voz invitándome a acercarme mientras todo se desvanecía. Todo iba esfumándose. Se metió el sol. Todo desapareció.

II

Ya despierto fui al baño, arrojé un poco de agua fría sobre mis ojos, los tallé. Memoricé cada escena, las repetía cíclicamente por mis pensamientos.

Me quedé algunos minutos hipnotizado viendo en el espejo el agua escurrirse sobre mi cara. Mi vista fija y perdida la veía: Ella, sin nombre. Nunca supe qué tanto ansiaba encontrarla, no la buscaba conscientemente, no estaba cuerdo de su llegada, pero bien sabía que existía. La hallé por fin, estaba en algún lugar, era para mí.

Si yo al creador de la humanidad le hubiera entregado una lista con todas las características, detalles que me gustarían en alguien para que él la hiciera, lo logró, estaba ya fabricada: Ella, perfecta y justa para mí.

Le dije al espejo: "ya nació, ya nació ella, con quien envejeceré y compartiré mi vida con el grado máximo de felicidad." Ya me gustaba, era mi prospecto, mi prototipo ideal desde antes de conocerla.

Me vestí y salí.

III

Me dirigí caminando al museo. Llegué rápido. Sentía poca sangre circular a mi cabeza, mareado, como si hubiese estado parado de manos durante horas.

Caminé entre algunas salas de exposiciones hasta llegar a un pasillo dividido en dos, por en medio y a lo largo, por un muro extenso. Era de unos 2.5 metros de altura, medio metro de grueso; rojo con textura arrugada, rasposa.

La pared tenía huecos con espejos incrustados, de diferentes dimensiones, formas irregulares, doblados para desfigurarme en reflejos. Me veía asimétrico. La gente se paraba, reía a distancia, se colocaban en frente de ellos, levantaban los brazos, hacían muecas, abrían la boca. Oía las risas como si estuvieran distorsionadas en lentitud y tono grave.

Todo me daba vueltas. No podía dejar de pensarla. Sentía terror al verme en los espejos por la impresión de quedarme deforme para siempre, que fueran espejos comunes y corrientes, que así fuera yo, o todos lo fuéramos. Ya me sabía el truco. Me sorprendían más de niño.

Empecé a caminar muy lento, paralelo, cerca del muro. Deslizaba mi mano izquierda sobre la superficie. Estaba al pendiente de todo, de nada a la vez. Veía todo de reojo sin observar, oía sin escuchar, estaba ausente en presencia, como zombi. Caminé hasta llegar a otro de los huecos con espejos.

Justo al pasar mis dedos sobre uno de los huecos de la pared, ella también lo hacía pero del otro costado. Nuestras yemas se tocaron, nuestros dedos se entrelazaron como enredaderas en rejas de jardín.

Me detuve. Mi impresión fue sorpresiva. Fue como si nuestras manos hubiesen estado imantadas. Se adhirieron a presión. No quería ni pensaba en separarlas porque sentía que iba a estar todo muy pegajoso, que se verían tiras e hilos viscosos al alejarlas.

Era ella, ¡la de mi sueño! El amor de mis vidas, de mis existencias. La de siempre.
Tuve tranquilidad sustituta, como al estar con un viejo amigo, o familiares cercanos. Sin presiones. Me despabilé como si me hubieran arrojado un cubetazo de agua helada en la cara. Sentí estar en casa de inmediato.

IV

De mi boca comenzaron a salir múltiples palabras que parecían ajenas a mí, como en trance:

Te conozco y reconozco, eres tú la de mis sueños. No sé tu nombre, pero sé cada mínimo detalle de ti, de cómo eres. No necesitaba un nombre para identificarla o clasificarla. La había conocido con tantos que es absurdo llamarla por alguno ahora. Es tu mismo ser. Eres preciosa.

Hemos compartido vidas pasadas. Hicimos un juramento de amor eterno-repitió ella al mismo tiempo que yo-. Nos pertenecemos-dijimos.

Si no eres tú no podría ser nadie más.-jamás lo diría dos veces.

Podría descartar millonadas de humanidad e intentos de búsqueda. Son confirmaciones aseguradas que evidencian que estemos juntos. Sé que eres tú, te he estado esperando, lo hemos hecho muchas veces, con promesa de decirnos esto. Sacrificar cualquier cosa para unirnos otra vez. Reencontrarnos para pasar nuestras vidas juntas de nuevo.

Reconozco tu alma, tu ente, tu esencia. Somos almas gemelas.

Ella movía sus labios al par de los míos, como si hubiésemos practicado estas oraciones que jamás había yo pensado. Lo habíamos pre-escrito, memorizado inconscientemente.

Acordamos en decirnos esto al encontrarnos. Dejar todo para estar juntos de nuevo. No es una obligación. No es predestinación, sino una elección. Escoger volver a ser feliz en inmensidades inmensurables. Es ahorrarnos intentos.

Palabras salían y salían de mi boca como si me hubieran insertado un casete en la nuca y mi voz fueran las bocinas. No callaba. Podía escucharme a mí mismo hablar externamente reconociendo mi voz, oyéndola raro, como en grabaciones de video.
Era mi voz, eran mis palabras, eran mis pensamientos y sentimientos diciéndolo todo. Me visualizaba desde lejos hablando muy emotivo.

El amor sería hipócrita si existiera esa persona indicada para cada quien, con quien mejor podrías entenderte e identificarte, con quien menos problemas y complicaciones tendrías, mejor la pasarías, más te divertirías, alcanzarías el máximo nivel de felicidad, de tranquilidad, simpatices, compatibilices mejor que con nadie. Uno para el otro.

Quizás jamás conocerás a esa persona o esté muy lejos. Será mejor que no la busques, porque no la encontrarías. Es demasiada exigencia, perfeccionismo. El amor es una lucha, es esfuerzo, no sólo un encuentro mágico.

Sea lo que sea, ella y yo estábamos ya juntos para correspondernos para siempre.

Estaba llorando suavemente, la felicidad irradiaba, uno frente a otro. Solo el hueco de la pared nos obstaculizaba, aunque unidos por nuestras manos.

La besé en la boca, vamos al final del pasillo donde el mural termina, le dije, para encontrarnos, abrazarnos y reunirnos. Yo me sentía realizado. Sentí que no me faltaba nada más. Estaba entero. Lleno casi a desbordar.

Troté hacia el lado derecho, el más cerca. Ella lo hizo también. Los espejos restantes me hacían ver más alto, más flaco, más gordo, deforme y gracioso. Se veían estelas disparejas de luz y sombras al pasar. Sentía como caminar sobre la alfombra roja, pétalos de tulipán holandés, o nubes, iba camino hacia la gloria. Llegué al fondo del pasillo con mi sonrisa de oreja a oreja. Mis brazos abiertos como alas preparadas para volar. Mis ojos llorosos, delicados. Mi pecho y estómago sentían revoloteos por primera vez en mi vida, tan intensamente.
Le di la vuelta al muro, ella venía dando la vuelta también, pero con la mirada perdida, como si hubiera olvidado el acuerdo de encontrarnos en este punto. Totalmente des-enterada.

Tomé sus manos que recargaba al costado de sus caderas, la abracé. Cerré los ojos, suspiré sujetándola fuerte, pensé mil cosas en pocos segundos, mi vida había trepado cientos de escalones, aunque ella no lo correspondiera, se dejaba abrazar como lo haría una muñeca, sin abrazarte de vuelta. Ella al ver mis ojos llorosos, llenos de tanta emoción no se apartó. Supuse que sintió compasión, o al verme tan sentimental no quiso estropearme el momento, esperó a que mi excitación se redujera.

Por fin nos encontramos, le dije entusiasmado. ¿Encontramos? No sé de qué hablas, a la mejor te estás confundiendo…-me contestó sin ser seca. Sonrió de alguna manera hiriente, comprometedora.

Me soltó, sin parpadear la vi partir lentamente con el movimiento de sus caderas como leona y el arrastrar de sus pies. La alcancé, la tomé por el hombro y dije:

-Mira, bueno escucha. Sé que no tienes idea de qué estoy hablando, pero te juro que te soñé, te juro que estabas en el hueco, todo lo que decía tú lo ibas repitiendo. ¡Todo te lo sabías de memoria! Yo no tenía idea de qué decía, pero me salió del alma. El punto es que eres para mí y yo para ti. No estoy tratando de convencerte en creer, eso es tu propia decisión. Lo que quiero es que recuerdes, nosotros somos puramente complementarios y almas gemelas. Si no estamos juntos no seremos máximamente felices.

Sé que no es fácil corresponder inmediatamente a alguien que podría serte un completo extraño. Hemos seguido esta convicción durante vidas y vidas. Tú también has sido la primera en acercarse, haciéndolo lo mismo que estoy haciendo. Reconóceme, soy yo, el de siempre. Sé que eres tú. ¿Te suena familiar?
Di que sí, di que sí por favor.

-Sigo sin entender nada, creo que te estás confundiendo, no soy quien piensas que soy. Esto parece un juego de locos.

-En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.(Friedrich Wilhelm Nietzsche) Intentémoslo, déjame probártelo.

-¿Qué quieres?

- Acompáñame al hueco de la pared, donde te lo dije todo, quizás así recuerdes.

- Uuhmm…bueno.

Su accesibilidad me daba vastas señales, sabía de mis expectativas: estaba dispuesta, fue para seguirle al juego, sí creía, quería creer, quería verse amable, lo recordó, etc. La quería de vuelta a mí, si es que alguna vez fue mía.

Llegamos. “Mira, aquí en este agujer... ¿espejo?” Pude ver mis huellas digitales y mis manos embarradas en el espejo. Mi aliento empañado, mi vaho opacando el cristal que no era un hueco, era un espejo común y corriente.

¿Estuve hablando solo?

“Aquí había un hueco y tú estabas del otro lado, entrelazamos manos y te lo dije todo...” “¿Qué?”, “Mejor olvídalo. Perdón y Gracias.” Goteé un último par de lágrimas, me retiré pensativo con la mirada baja. Ella se quedó allí muy confundida hasta donde supe.

V

Tomé el camino más largo a casa, decidí perderme por la ciudad, que mi pasaje se trazara solo. Rumbo a la perdición y el olvido. Apretaba las muelas, daba respiros profundos, evitaba llorar.

En el trayecto a tierra de nadie hablaba conmigo mismo, trataba de explicarme qué sucedió:

¿Fue todo invento mío? El sueño, ella allí, mis palabras, el reencuentro y nada. Vaya tontería.

Si somos almas gemelas, tendría que ser mutuo y recíproco el trato. Si el juramento fue real, los dos teníamos que recordarlo o al menos que nos sonara coherente. Por lo menos yo la soñé, sabía un poco más de qué se trataba esto. El sueño es la única prueba, confirmó todas mis presuposiciones y esperanzas de su existencia.

De alguna manera comprendo el shock que sería que alguien completamente desconocido, como yo, se te acercara para decir todo eso que dije.

Mi supuesta felicidad eterna se desploma. Tanto tiempo e insistencia mía precedía a su reaparición. Si no es ella no puede ser nadie más. Esto jamás lo olvidaré. Sí es, sí ha de ser.

Todo podría ser un auto-engaño. No querer aceptar que no sea ella, o aferrarme a que sí. Que fuera una ilusión, esperanza, o miedo de desocupar el espacio que llenaba huecos, lo que la conserva viva. Una falsedad de mis pensamientos, jugar conmigo, creer en algo para mantener mi mente ocupada. O simplemente me equivoqué, que significaba más de lo que creí.

Si me la vuelvo a encontrar podría ser diferente. Seguro nos reconoceríamos… ¿qué tal si funciona? Por lo pronto no quiero saber.

Cuando me di cuenta ya estaba más lejos de lo que creía.

VI

Ella lo vio marcharse, se quedó allí mismo parada, confundida, pensativa. Volteó al espejo de reojo, regresó rápido la mirada, sintió una presencia, volvió a mirar, pero ahora fijamente. Se acercó al espejo arrastrando los pies en pasos de gallo-gallina, allí estaba él viéndola. Su corazón se detuvo por un momento e inhaló pausadamente. El casete se le insertó también, se dijeron lo mismito llorando. Besó el espejo y salió corriendo a la calle a buscarlo.

Tus Ojos Son (2008)

son mi delirio de persecución. mis trastornos de pensamiento, sentimiento y emoción.  el centro del tiro al blanco; allí es justo mi punto débil, lanzas y encajas la flecha atinada cuando hacemos contacto indistinto. cuando es favorable se vuelve un interruptor, en ON, de luz interna, catalizador de vibraciones y palpitaciones.  al verlos desviarse indiferentemente se vuelven un guante rojo acercándoseme directo a la mejilla. un definitivo knock-out inesquivable del peso pesado, dejándome tendido e inmóvil en un plancha ardiente.  son espuelas de botas-cowboy pinchándome las costillas cuando soy caballo. estrellas-ninja lanzadas directamente hacia mí, enterrando las orillas de mis prendas contra una pared. dejándome estático y apantallado.  el lanzamiento de un pitcher directo hacia mi frente, la pelota de baseball estrellándose en mi cabeza a cientos de kilometros por hora, y convulciono imaginariamente. tan veloz como un parpadeo.  son atravesar mi cara al fuerte abaniqueo del bat del beisbolista. asomar mi cabeza justo cuando el tren o el metro viene sentirme siendo desplomadoa impactos, desvaratado, explotado en cientas de partes escurridizas por doquier.  sujetarme de una reja electrificada y recibir electro-shocks a la máxima magnitud. expulsarme por los aires.  meter mis manos entre tostadoras, sartenes, planchas, helices de avión y de abanicos. sentir trituración.  paredes repletas de picos filosos y encajosos en un cuarto cerrado, encasillándome sin salida, guiándome a desaparecer, con trucos mentales o despedazado.  introducirme a una cápsula de agua helada e hielos, sin rescates ni escapatoria. me entumecen, inmovilizan y congelan.  disparos a quemarropa. balazos de ametralladora que sólo a mí me perforan, sólo a mí me hieren y sólo a mí me alimentan y curan, pero jamás sangro.  donadores de visión,  cegadores de vista.    - el pico de un cono. asómome por un agujero estrecho que se abre y engrandece.  dentro hay:  un pasadizo que lleva a una puerta de madera roja con manijas triangulares de oro puro;  un laberinto desconocido de altos pastizales podados en zig-zag.  un cielo de carretera con nubes multicolores-rosadas-moradas-cafés-azules-rojas-naranjas, indistinguible entre atardecer y amanecer, permanentemente asomado entre montañas altas nevadas.  una pared inmensa abarcando límites territoriales extensísimos, con un hoyito diminuto e inencontrable que esconde un paraíso detrás, gigantemente interminable sin líneas ni límites.  un mirador de carretera. un paisaje movedizo. la ventana de un avión con vista a la ciudad nocturna iluminada.  una colina alta por montar. la vista desde la punta de la montaña más alta que muestra la superficie del mundo entero.  parvadas atravesando un arcoíris, formando figuras increíbles y continuamente cambiantes.  cortinas semi-abiertas de una cabaña en lo alto del bosque que asoma el sol entre pinos frondosos y nubes empañadoras de vidrios.   impulsos de retracción involuntaria.  una lupa: acercarme a ella descubre mis verdades escondidas entre gigantismos.   atreverme a forrar todas las paredes, pisos y techos existentes en el mundo de fotografías de ellos en mosaico. y desearme enmicado a ellos.   penetradores hasta el fondo más abismal.  verme contigo. no parar. introducirme a pensamientos compartidos imaginariamente.  espejos contra espejos formando imágenes profundas, millones de veces, diminutamente gigantizadas.   un telescopio por el que miro astros, luceros, constelaciones, galaxias, estrellas, soles, lunas, planetas, cometas. todo brilla. luces navideñas excesivas adornando casas pequeñas en aldeas sin luz. cuando hay obscuridad: velas salvadoras que se regeneran al utilizarlas. linternas, lámparas, proyectores de luz similares a los de la bati-señal, adheridos a tus espacios oculares. luminosidad milagrosa. y extrañosa. ceguera relativa a encandilaciones continuas.   binoculares para acercar distancias necesarias y alejar las dañinas. microscopios que enseñan enigmas ansiados por saberes masivos.  cruzar un puente de un río con pirañas. un rollo fotográfico sin fin. una fotografía panorámica. puertas-portales a una dimensión sensorialmente sentimental por la que me has paseado.  ver de fuera hacia adentro: la visión desde una coladera callejera hacia el cielo estrellado y los vehículos en movimiento. la vista desde la ventana pequeña de una celda de prisión.  limpiar mi suciedad.  contenedores de memorias en espacios diminutos como un disco-compacto, un cassete, una tarjeta, usb.   hay algo detrás de ellos inconclusamente descifrable.  saber que hay algo pendiente. por reanudar o terminar.  presionar el botón Reset, y recomenzar de cero desde la primerísima vez que los vi.  dicen mucho siendo tan mudos.   un talismán hipnótico que me idiotiza y manipula. fuego de incendio consumidor. calor y calentura. jaquecas. ternura escondida. códigos.  semillas potencialmente germinables.  tentación y deseo. tiempo que invierto. instantes energizantes que me hacen recordar momentos que aun no vivo.  ganas de encajarlos en un tenedor y masticarlos, pero jamás tragarlos. el dije perfecto que llevaría colgado en mi cuello.   son imposibles de no gustarme.  provocativos y provocadores.  un vacio y abundancia. son contrastes, inspiración o distracción.   silencio absoluto reventando tímpanos, gritos de ópera rompiendo silencios,   mi balance y desequilibrio.   paloma dentro del sombrero ansiosa por salir, ropa transparente, pulsera de manco, zapato sin suela, paraguas por abrir en sequía, perdición y paraíso. usar gogles en una piscina de espeso petróleo.  pómulos reduciéndose, conviertiéndote a una infante interminablemente encantadora.  suspiros de alivio.  triunfo, mas no trofeo.  señales llamativas.  luces intermitentes.  estrellas fugaces, cortas, pero mentalmente infinitas.  carnada de anzuelo apetitoso. gancho adhesivo.   los mismísimos petrificadores de la Medusa. definitivamente felinos.  más de lo que parecen.  valuables en subastas multimillonarias.  enchufes conectores y transmisores de energía, recargadores de pila.   el barco vinculador entre tierra y agua de mi creación. son sensaciones múltiples.  todo esto mirándome a mí, en vez de yo a ellos.   un rasgo peculiar, personalmente simbólico y significante.  más míos que tuyos. parte de ti, mas no tú de ellos. y aunque mía fueses, seguirían siendo tuyos. si te los arrancara ya no me mirarían.   y si sólo tuyos ya nada de esto, serían genéricos y casuales, no especiales y distinguibles.  ojos lindos y verdes hay millones. pero no todos me mirarían así. no son ojos cualquiera.  son creer que todos los demás ojos son canicas inertes. y son sólo un par de ojos viéndome, ver mi reflejo en ti, viéndome verte. viéndote verme. no hay más que buscarle.  todo esto que podrían ser, pero sólo si los veo yo, sino no. creíble sólo por mí. por atracción personal.  aunque todo lo que me sumerge en contenidos es, tan sólo, la forma tuya con la que me miras. nada más. nada menos.  olvídalo todo, pero tanto me son y serán.

Descripciones

Descripciónes:
La mujer en la carretera:
Simplemente le gusta salir a la calle con su chal, le gusta ver los coches ya que realmente no tiene ocupación
Cuando habla de lo que había vuelto a hacer, se refiere a eso, salir en una noche fría a una autopista peligrosa no es el acto más inteligente del mundo.

El conductor del automóvil:
Es un esposo muy exigente, las cosas se hacen como él dice o no se hacen, su esposa se tardó más delo tolerable para salir a la comida a la que van, no aprecia su trabajo y lo que él lleva a casa, eso lo saca de quicio y quiere dárselo a entender a la bestia que tiene por mujer, de no ser por él, desde su punto de vista, su mujer no sería nadie.

La mujer en el automóvil:
Desde pequeña ha vivido sin mucho estimulo, probablemente viene de una clase alta, o se casó con el conductor por necesidad, de tal forma que siente que pierde mucho o no sabe cómo luchar por lo que quiere, por ello sólo puede conformarse con escaparse mentalmente del mundo en el que vive, al ver a la mujer de la carretera empieza a asumir que es la imagen de lo que ella busca.

Descripciones

Descripciónes:
La mujer en la carretera:
Simplemente le gusta salir a la calle con su chal, le gusta ver los coches ya que realmente no tiene ocupación
Cuando habla de lo que había vuelto a hacer, se refiere a eso, salir en una noche fría a una autopista peligrosa no es el acto más inteligente del mundo.

El conductor del automóvil:
Es un esposo muy exigente, las cosas se hacen como él dice o no se hacen, su esposa se tardó más delo tolerable para salir a la comida a la que van, no aprecia su trabajo y lo que él lleva a casa, eso lo saca de quicio y quiere dárselo a entender a la bestia que tiene por mujer, de no ser por él, desde su punto de vista, su mujer no sería nadie.

La mujer en el automóvil:
Desde pequeña ha vivido sin mucho estimulo, probablemente viene de una clase alta, o se casó con el conductor por necesidad, de tal forma que siente que pierde mucho o no sabe cómo luchar por lo que quiere, por ello sólo puede conformarse con escaparse mentalmente del mundo en el que vive, al ver a la mujer de la carretera empieza a asumir que es la imagen de lo que ella busca.

jueves, 25 de febrero de 2010

Historia de uno de los personajes.

Podría una persona de ese tipo enamorarse?
Siempre se le había ocurrido todo lo que sus padres le habían pedido que
hiciera para ser feliz. Entre tantas de esas cosas estaba el estar enamorado de sí mismo, de cuidar solo de sí- De sonreir a la gente aunque no le cayeran bien, y ver solamente por si mismo. Era LA FORMA de ser, de convivivir, de sobrevivir y de sobresalir. Teresa era una cosa rara, era aquello que se supone no debía de pasar. Era la persona que menos tenía que pasar en su vida, sabía todo, casi todo. Desde que tenía un dedo torcido hasta que le gustaban las gelatinas. Curiosa debilidad de alguien que siempre ha sido muy cuidadoso con su figura y no le gusta comer azúcar porque tiene antecedentes diabéticos por ambos lados de su familia; sabía por ejemplo también que cuidaba su pelo, aplicándole una mascarilla de huevo con cebolla todas las noches del jueves, y que incluso le tenía hecha ya una mezcla al llegar del trabajo. Quizá porque ella cuidaba de él era que él terminó enamorándose de ella. ¿enamorándose? No, era una relación de conveniencia. Sí, solo eso y nada más. Una de esas alianzas que son para hacer la vida ligera y tener a quien abrazar cuando se duerme, solos, en silencio, sin que nadie se entere, porque donde hay puntos débiles hay debilidad.

Su madre siempre le dijo que las personas no eran precisamente indispensables. Se lo recomendaba una y otra vez cada que perdía una mascota, ya fuera el perico que solo le duró tres días o el pez que no pasaba de una semana. Él había tenido muchas mascotas, y de a poco encariñarse a alguien no era conveniente. Si, Teresa era otra mascota. De esas que te hacen la vida ligera como el pez, o como el perro.

Lo que si no era inmediatamente imposible de desechar (o de perder) era su empleo y su sueño de tener una casa junto al mar. De esas que siempre soñó que tendría, como la de su abuelo, que perdieron al descubrir que su padre y su tía Olga no eran al parecer únicos herederos. El día del velatorio, se habían presentado al menos otros tres hijos más, con papeles y todas las formalidades correspondientes. Cuando ella y su hermana Xime le preguntaron a la abuela al respecto ella solo sonrió diciendo: era más bien por conveniencia. Tenía 7 años y ya empezaba a sentir que la vida era medio asco. Teresa, sin embargo, tenía que ser un error. De esos que aparecen en forma de vieja con tazón de leche en mano y sonrisa de ángel en el rostro. Sin mascarillas, sin formalidades.

lunes, 22 de febrero de 2010

Un ejercicio de descripción

Hola, esto es un ejercicio de descripción, esta un poco atrasado, pero me gustó la imagen que proyecta. Espero sus comentarios.

Domingo 12:35 am

Era cerca de la una de la tarde, la luz entraba por mi ventana a una intensidad más leve que la común, tal como solía presentarse horas antes, como a eso de las ocho, o siete cuando se trataba de invierno. Pero esta vez eran las doce y media y yo aún despertaba de tremendo sueño de 10 horas, pensando que tal vez sería el tiempo de volver a la realidad de las cosas, a las tareas y quehaceres de mi vida cotidiana, aunque fuera domingo. Y es que no siempre se podía vivir descansando. Había que tener un momento en el que el impulso correcto lo llevase a uno a construir su propia vida, su propia existencia. Las actividades correctas que me llevarían al momento deseado. Tal como bajar las escaleras con la cama tendida y el cuarto ya hecho. Y más allá, al instante en que me encontrara enfrente de un huevo revuelto con espinacas y un jugo de naranja en la mano, mientras tenía en mis oídos los auriculares del radio, escuchando mi estación favorita. Pero tales visiones de éxito exigían voluntad y esfuerzo, esfuerzo que ya mentalizaba desde mi cama, entre mis sábanas mirando la tenue luz que siempre deseé en justa medida que existiera a las 7, para hacerme la vida tranquila y no sentir que el sol era mi despertador cotidiano.

Ese es el deseo que sostengo siempre para todos los días. Sin embargo solo existe en domingo, pues los demás días tengo que levantarme temprano y ver que el sol sigue haciendo su triunfal entrada. Siendo así salí de mi cama y procedí como ya lo hacía mentalmente hacia una hora, y ahora me encontraba fuera de mi casa cortando el césped y preparándome ya mentalmente también para mi siguiente actividad del día. Fue entonces cuando di con él. Un libro. Un libro en blanco. Me detuve ahí mismo en el jardín y sin soltar la herramienta que sostenía en la mano izquierda, pues estaba a punto de quitarme el guante de esa misma mano para sostener cubierta la herramienta sucia, me incliné de cunclillas y lo observé.

Pasando el medio día, dediqué dos horas a hacer mis deberes escolares, luego salí de mi casa con el libro en una bolsa y me dirigí al muelle que se encontraba colina arriba. Era un muelle artificial, creado de un lago artificial que daba vista a las montañas cercanas que lo rodeaban alrededor. Hacía unos años mi colonia había sido un valle, el bosque de Cuajimalpa, donde dicen, venía el mismísimo Moctezuma a cazar venados, sin embargo con el tiempo se hizo una zona colonial y después citadina, y ahora con mi niñez ya perdida hace muchísimo tiempo, era un lago artificial. Y la parte de colina arriba una zona turística que tenía hoteles y casitas de campo que ofrecían hospedaje, comidas y herramientas propias de un lugar para pescar.

Raúl era mi mejor amigo, nos habíamos conocido unos tres años atrás cuando llegara a instalarse junto con su socio Matías para la construcción del proyecto, que a pesar de no verse ostentoso, había planificado bastante bien para un grupo exclusivo de clientes de mediana y longeva edad que buscaran días tranquilos en una ciudad pesquera. Pesquera artificial (supongo), pues como ya dije, no era un lago natural, es más, ni siquiera tenía el tamaño de un lago decente, sino mas bien el de una laguna no más grande de extensión de lo que fuese una cuadra y que bizarramente estaba construida hacia abajo en una calle que era la inclinación de lo que algún día fuera una pequeña montaña y que de hecho limitaba a pocos metros de extensión de mi casa. Sí, a unos peligrosísimos tres metros, detenidos solo por una poderosa presa, o al menos así me tranquilizó siempre Raúl respecto a tener arriba de mi casa unas 300 toneladas de agua en inclinación arriba de mi casa, la que estaba cerca del punto de conexión natural de la cuadra y mi fe. Pero eso era algo nada bochornoso pues ahora podía sentarme ahí, en su hostelería, con la bella vista de las montañas a platicar con este ahora mi cuaderno de notas. Siempre creí que aquella pared que dividía mi casa del agua era un ángel guardián, de esos que te protegen de las cosas malas y te ayudan a conservar a las amistades. Después de todo así era en cuanto a mí y a Raúl, que por lo menos no había tenido que enfrentar una demanda de mi parte por tener tan peligrosa represa arriba de mi casa. Aunque era lo de menos. La verdad, es que siempre había querido vivir cerca de la costa. Y Valle de Bravo nunca había sido mi opción.

jueves, 18 de febrero de 2010

“Under the eyes of God”


He looked troubled as he entered the church, a young boy for he was not a man yet, of barely 14 years of age and with the body complexion of uncooked spaghetti, he was wearing a bright red shirt that hadn’t been washed in days. Confused and almost sad looking he approached the confessionary, he looked even reluctant to be there; but somehow he was also quite sure of his intentions maybe like he had a plan.

“Forgive me father for I have sinned” said the boy. His elaborate approach took the priest by surprise but without further delay the respective prayers were made for the confession.

“What’s on your mind son?” he asked with the unbiased attitude every priest must have.

“This morning father I felt distant, I woke up late for school and no breakfast was on the table. I can’t explain why but this made me happy, I felt alone in a good way. You see father I enjoy this strange feeling of loneliness very much.”

“Where are your parents boy?” asked the good father preoccupied with his parents ability to take care of him.

“I believe they are home right where I left them, but anyways I left to school and attended my first two classes of the day without talking to any of the other kids, you see father I don’t have many friends. It was all going smooth until he appeared, I was in the bathroom and junior varsity football player came to me like he had the worst intentions I didn’t resist as he shoved my face in the toilet. I felt It was a fitting punishment”

“What did you do boy?” interrupted the priest.

“I took my pen father and I put it through him again and again and again at first he screamed but then, my favorite part, silence. I can’t describe how happy I feel when I end someone’s life this can only resemble the feeling of planning again.”

Planning what? Asked the confused priest.

The priest was doubtful of the boy’s words he could not conceive this to be true but as he tried to walk out the confines of the confessionary chair he noticed there was no way out of his holy prison and death bed. Despair flooded his eyes but sadness overcame his heart for he could not think of something worst than a kid so young gone so wrong.

My child you are young there is much life to be lived, you don’t have to do this God forgives those who truly repent regardless of what they’ve done. As he finished saying this he started praying.

“Save it father, I your God existed don’t you think he would save one of his “shepherds” like you freaks like to call yourselves. You know father I never understood how you could give everything up for something you can’t see. But I guess you will never understand why I am about to take your life. So we are even.”

The boy took the sharp kitchens knife from his pocket and saw his reflection on it. Everything went completely silent for an instant. He smiled.

“Jesus Christ!!”

“I’m sorry father not even he can save you now.”

He took the knife and put it through the thin cloth that separated them and into the priest’s neck swiftly slicing all of the main arteries and leaving no spot of blood in his hands. Then he got up and swiped the knife clean with the priest’s shirt and casually exited the church in search of his next victim.

JM

“Under the eyes of God”


He looked troubled as he entered the church, a young boy for he was not a man yet, of barely 14 years of age and with the body complexion of uncooked spaghetti, he was wearing a bright red shirt that hadn’t been washed in days. Confused and almost sad looking he approached the confessionary, he looked even reluctant to be there; but somehow he was also quite sure of his intentions maybe like he had a plan.

“Forgive me father for I have sinned” said the boy. His elaborate approach took the priest by surprise but without further delay the respective prayers were made for the confession.

“What’s on your mind son?” he asked with the unbiased attitude every priest must have.

“This morning father I felt distant, I woke up late for school and no breakfast was on the table. I can’t explain why but this made me happy, I felt alone in a good way. You see father I enjoy this strange feeling of loneliness very much.”

“Where are your parents boy?” asked the good father preoccupied with his parents ability to take care of him.

“I believe they are home right where I left them, but anyways I left to school and attended my first two classes of the day without talking to any of the other kids, you see father I don’t have many friends. It was all going smooth until he appeared, I was in the bathroom and junior varsity football player came to me like he had the worst intentions I didn’t resist as he shoved my face in the toilet. I felt It was a fitting punishment”

“What did you do boy?” interrupted the priest.

“I took my pen father and I put it through him again and again and again at first he screamed but then, my favorite part, silence. I can’t describe how happy I feel when I end someone’s life this can only resemble the feeling of planning again.”

Planning what? Asked the confused priest.

The priest was doubtful of the boy’s words he could not conceive this to be true but as he tried to walk out the confines of the confessionary chair he noticed there was no way out of his holy prison and death bed. Despair flooded his eyes but sadness overcame his heart for he could not think of something worst than a kid so young gone so wrong.

My child you are young there is much life to be lived, you don’t have to do this God forgives those who truly repent regardless of what they’ve done. As he finished saying this he started praying.

“Save it father, I your God existed don’t you think he would save one of his “shepherds” like you freaks like to call yourselves. You know father I never understood how you could give everything up for something you can’t see. But I guess you will never understand why I am about to take your life. So we are even.”

The boy took the sharp kitchens knife from his pocket and saw his reflection on it. Everything went completely silent for an instant. He smiled.

“Jesus Christ!!”

“I’m sorry father not even he can save you now.”

He took the knife and put it through the thin cloth that separated them and into the priest’s neck swiftly slicing all of the main arteries and leaving no spot of blood in his hands. Then he got up and swiped the knife clean with the priest’s shirt and casually exited the church in search of his next victim.

JM