Flashes relampagueantes.
Emma y Jossie estaban en la casa del árbol escuchando música. El estéreo lo tenían conectado con una extensión desde la casa. Empezó a llover, se fue la luz. Esperaban regresar cuando la lluvia se calmara, pero estaban bastante cómodos, decidieron permanecer ahí. Escuchaban la tormenta caer sobre el pavimento como aplausos, veían los rayos sobre la ciudad como dedos de Dios eligiendo sitios.
En ese instante no era preciso conversar. Era uno de esos momentos en los que se dice mucho más estando callado, conviviendo y disfrutando la ocasión.
Pasaron varios minutos hasta que Emma rompió el silencio, pero lo valió completamente: “Imagina que los relámpagos fueran flashes y alguien nos esté tomando fotografías desde el cielo cuando llueve, que cuando muramos nos llevemos todos los recuerdos y vivencias más importantes en ellas. ¡Serían las fotografías más naturales y bellas! Fotografías que fueron tomadas por el cielo mientras más disfrutabas de algún instante específico en tu vida y la alegría te invadió.
Imagina que los momentos más remarcables de nuestra vida, ya sean felices o tristes, exitosos o miserables, te sean entregados en un álbum de fotos. Serían definitivamente las mejores: sin pretender nada, siendo como somos, sin fingir algún estado de ánimo, solo el del instante preciso en que fueron tomadas. Nuestras mejores caras, las naturales, momentos capturados justo siendo lo que somos día a día, sin percatarnos de ellas.”
“¡Como Paparazzi!”-contestó Jossie. Ambos rieron. “O que de noche la luz de la luna es una linterna dirigida hacia nosotros. Sería bueno pensar que todo el tiempo estamos bajo esa lupa o bajo el lente siendo enfocados. Que el que tome las fotos esté todo el tiempo con el dedo en el gatillo esperando un buen momento para presionarlo, tomar la foto. Sería bueno dar tu mejor cara, nuestra mejor impresión. Siempre alistarse, estar al pendiente de todo. Para no perder ningún detalle de lo que nos rodea, no tener fotografías que no nos gustaría ver ni recordar en ese álbum. Suprimir los momentos tristes y deprimentes para poder tener un repertorio de fotos genial.”
“¡Exacto!” Jossie abrazó a Emma y le dijo: “si pasara eso, estoy seguro que habría una foto de este momento contigo en mi álbum.”
Mientras se abrazaban regresó la luz eléctrica, del estéreo salió una voz melódica: “Regresa a casa”. Se asustaron, se separaron, se miraron fijamente por un par de segundos. No pensaron dos veces, bajaron muy de prisa por los trozos de madera incrustados con clavos sobre el tallo del árbol. Dejaron el estéreo encendido pero no oyeron más. Justo al tocar el piso, cayó un rayo sobre el árbol. El destello, el impacto y el sonido los aventaron unos metros. Miraron el árbol en llamas bajo la lluvia desde el piso e imaginaron perfecto la fotografía. Estaban a salvo.
José Andrés Pérez Castillo, Marzo 2009.
LAE
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