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domingo, 4 de abril de 2010

TEXTO DE LA MESA DE DISCUSIÓN "La crítica desde el Arte, ¿opción de ciudadanía? DENTRO DE LA SEMANA DE ARTES Y HUMANIDADES


La crítica desde el Arte; ¿opción de ciudadanía?

Nos hallamos más “ante” que “en”, una realidad; que se desplaza hacia los universos de la simulación y lo virtual; donde la ambigüedad, cobra completa vigencia y no interpreta, no mitifica, no metaforiza, sino que sustituye el universo de lo concreto, de lo real. Y digo “ante” y no “en”, no porque esa relativización de lo real sea lo que nos coloca en un plano diferido o alterno; sino porque precisamente, tal relativización, incide de manera profunda en la autoconcepción, en la autodeterminación y por tanto, en la concreción de eso que todavía, llamamos identidad. Ahora, nos cuesta trabajo comprender nuestra presencia, cuesta mucho razonar acerca de la relación entre origen, función y existencia, y la pregunta “¿quién soy”? nos deja náufragos de respuesta en un océano de indeterminación. Este trastorno, derivado en gran medida de lo que uno, como individuo, niega de realidad, en pos de la sola aspiración (vivir en pos de una realidad ideal, despreciando por tanto, la realidad y el presente.) Y aunado a ello, todos los derrumbes ideológicos a lo largo de la Historia, acaban por colocarnos como huérfanos desorientados que buscamos adherirnos a alguna causa que de sentido a nuestra existencia. Y por otro lado, la realidad percibida, es casi siempre negada en el entorno, por los medios de comunicación, y por la relativización de los valores y del peso específico de lo real, cediendo paso lo orgánico a lo virtual; la especulación, al valor real; la idea ambigua a la proposición lógica concreta. De modo que, quedamos de alguna forma “expulsados”; trepados en un vehículo de enajenación en pos de solventar necesidades creadas que generalmente, a lo que sostienen, es al poder.
Se genera pues, una profunda fragmentación en el ser humano contemporáneo que nunca puede afirmar que es, sino que en el más optimista –y con decir optimismo relativizamos y hacemos ambiguo el concepto- de los casos, sólo podrá decir “seré” “quiero ser”, donde lo acelerado del “avance”, de “la vanguardia” o “la moda”, lo coloca además en el continúo desprecio de “lo que he sido”. La identidad, pues, decía, se halla asimismo, fragmentada; porque adolece de memoria y rebosa inmediatez; porque no se proyecta sobre un futuro concreto sino que, cubierta de miedo, camina entre las sombras hacia lo que el dictado de los intereses virtuales, plantee.
Se generan entonces ciertas preguntas: ¿Cuál sería hoy la consciencia de ciudadanía de un ser humano que mira casi como “espectador” la realidad y cuya identidad se halla fragmentada así como todo su ser? ¿Cómo mira, este ser humano contemporáneo a esta realidad?  ¿Con qué mirada?
La consciencia de ciudadanía -que en sí misma ha de encerrar diversos conceptos-, es en principio, una autoafirmación, un decir “yo soy” “yo existo” o más bien “yo coexisto”, porque es capaz de mirarse en tanto individuo y es a la vez capaz de mirar al otro y colaborar con él. La ciudadanía sin embargo, no sólo “es”, sino que “se hace”; de lo contrario, deja de estar presente. Y su ejercicio, está en la convivencia y en la democracia en pos de una construcción comunitaria de la realidad. La fragmentación a la que me refería líneas arriba, halla uno de sus elementos esenciales, en el individualismo que no provocará más que vacío. La construcción aislada de la realidad, conlleva a la necesidad de un “dictado de realidad”, porque no queremos corroborar y posteriormente modificar nuestra construcción con otro, sino que en todo caso, querríamos imponer la propia. Es el principio del totalitarismo, es el principio de la opresión: “Tu realidad no existe, existe la mía y la que yo digo ha de existir” y es también, el principio de la desigualdad. Porque si mi realidad permanece en la comodidad, no interesará que ésta se sostenga sobre la incomodidad de la de otros.
De modo que además, una consciencia de ciudadanía, conllevaría la responsabilidad del otro y sólo así, el ejercicio de la democracia, podría ser considerado pleno. ¿Qué democracia? Aquella que permite la expresión de las voces, aquella en la que todos, en la comunidad, toman decisiones de esa construcción de realidad.
Pero el problema que ahora se plantea, es que si la dificultad se halla desde la fragmentación del individuo, en la relativización de la realidad y en la ambigüedad de sus elementos ¿qué vía para dar respuesta a cuanto se deriva de una realidad tal?
Una construcción de realidad y pensamiento tales, que aceptan la injusticia.
Una construcción de realidad y pensamiento tales, que aceptan la opresión en sus diversas manifestaciones.
Una construcción de realidad y pensamiento tales, que creen en la competencia como vía de supervivencia de la humanidad.
¿Qué vía entonces, pues?
Escribía en una obra, que cuando la identidad se ha perdido, cuando lo único comprensible de la realidad aparenta ser la enajenación, quizá lo que nos quede, sea solamente, el Arte.
Y hoy, quiero abrir la posibilidad de pensar, vivir y “ejercer” el Arte, como una vía tanto de conceptualización de la realidad, como -sobre todo- de crítica a ella  y con esto, de ejercicio de ciudadanía.
El Arte, es un suceso pleno de realidad, que en todas sus formas –desde aquellas que perduran en el tiempo y el espacio, como las esculturas de Florencia; hasta aquellas cuya naturaleza es la de lo efímero, como una pieza de Teatro y su permanencia en el tiempo sucede en la memoria de quien ha sido espectador, porque su organismo, ha sido modificado tras el suceso-; da cuenta de la persistencia de lo humano en tanto esencia,  y esto es, en tanto complejidad. 
Se halla fragmentado el ser humano, porque hemos pretendido con la especialización de nuestros avances como Humanidad, negar la complejidad. Hemos estructurado una realidad, que en torno al lenguaje, Stainer vaticinaba como una “Era de silencio” en la que la especialización de los lenguajes, no permitiría más el diálogo entre especialistas de distintas disciplinas; y que nos lleva a la también estructuración de un pensamiento unidireccional, dicotómico e inmediato. Para Morin, es la complejidad la que permite el movimiento de las estructuras y por lo tanto su crecimiento; la constante modificación y apertura que deja siempre probabilidades frente a la simplicidad que cierra las posibilidades y da “un dictado de realidad”.
En efecto, nos hallamos ante “un dictado de realidad” donde ésta, aparece no como lo que es ni lo que puede ser sino como lo “que se dice que es”.
Y el Arte, frente al dictado, es siempre reacción.
Porque atendiendo en lo profundo a lo esencial del ser humano, a esa complejidad que se resiste al dictado.
Tadeusz Kantor –emblema del Arte del Sigo XX-, decía que el Arte era un baluarte, un altar para preservar “quienes somos, quienes hemos sido”, es decir, “un altar para la memoria” que entonces permitiría, humanamente, proyectar “quien seré”. Al artista polaco le preocupaba el presente, por inasible, por efímero y por ello procuró mediante la plástica y el escenario, dar cuenta de los instantes efímeros en toda su complejidad. Su obra perdura en el tiempo, en el espacio y en la Historia, porque confluyen en sus texturas, en sus palabras o en los materiales modificados, la persistencia de lo efímero como elemento complejo de lo humano.
El Arte -que es a la vez lenguaje, idea, concepto, acción y reacción-; toma hoy un lugar preponderante en la posibilidad de existencia del ser humano contemporáneo. Beckett decía que lo que le entusiasmaba del ser humano era su capacidad de “crear ámbitos de realidad” y precisamente el Arte, es esa posibilidad.
Y si hoy, en nuestro país, en el ejercicio democrático, ha sido pervertida la palabra con demagogia y aplastadas las voces con abuso de poder, nos queda la voz del Arte, nos queda procurar mirarnos en el otro a través del Arte. Nos queda buscarnos en la obra que estática, está colgada en una pared, o sostenida en un pedestal. Nos queda construir nuestra realidad también, en un escenario o en las efímeras notas de una pieza musical.
No se trata de afirmaciones inocentes, pues el Arte, han devuelto de humano cuanto, en momentos cruciales del a humanidad, se había perdido, como tras la II Guerra Mundial o durante la espeluznante existencia de esa “realidad virtual” que fue “La Guerra Fría”. Fue el Arte el que abrió consciencias y fue el Arte el que hizo a la humanidad reconocerse nuevamente como tal.
Un ejercicio democrático que tenga como principio, la mirada crítica del Arte.
Y sí, es cierto que también y hoy más que nunca, el Arte atraviesa momentos también ambiguos, seducido por las proposiciones del mercado, del poder y de la idea de acumulación de riqueza como autoafirmación.
Pero también es cierto, que existen grupos, individuos, artistas que no comprenderían su profesión sin ejercerla como una clara reacción al “dictado de realidad”.
Y me parece, que ante él, un auténtico ejercicio de la ciudadanía y la democracia, es la reacción frente a la indiferencia que procura.

Gracias

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